Buenos Aires Herald editorial (en español a continuación)
Donald Trump surprised the world in Tuesday’s elections by sweeping to victory in what was universally projected to be a close race. For the first time in U.S. history, a convicted felon has been elected to the White House, and he is on course to hold significant control over the legislative, executive, and judicial branches of the state. While Argentines could not vote in the elections, the question of who becomes the most powerful president in the world affects us all.
Trump’s win marks the victory of a new and highly specific way of doing politics that leans heavily on the use of social media, fake or distorted news, and algorithms as a conduit for popular rage. This is a viral mode of doing politics, to which the establishment has not yet developed antibodies.
President Javier Milei will take Trump’s win as a major endorsement of his worldview and an invitation to proceed with a more aggressive iteration of his existing agenda, which has involved reversing protections and attacking the rights of women, people of color, LGBTQIA+ people, and other minorities.
Both men are climate change deniers with a track record of belligerent defiance at the United Nations and other international organizations that seek to build inter-governmental consensus in pursuit of a better future for humanity.
Both men have also used their power to promote disturbing anti-science views. While Milei has systematically attacked Argentina’s world-renowned public universities under the guise of cutting state funding, Trump has been evasive on his stance on vaccines and courted dangerous anti-vax conspiracy theorists such as Robert F. Kennedy Jr.
The connections between the far right in the U.S. and Latin America have long been clear, especially when it comes to hard-fought basic rights that such groups associate with the progressive left. We have seen how anti-rights groups in the U.S. have coordinated with their Latin American counterparts to stymie abortion access and instill the idea that comprehensive sex education constitutes dangerous “gender ideology” and “grooming,” even when the most common place for children to experience abuse is in the home.
Likewise, the struggle of people of color in both countries has come under attack when the contemporary far right has been in power: Milei closed the INADI anti-discrimination watchdog and his senior officials have attacked the rights of Indigenous people in Argentina, moves that have striking parallels with the Trump administration’s response to the Black Lives Matter racial justice movement that erupted after the killing of George Floyd in 2020.
The Argentine president has also followed Trump’s lead regarding climate change skepticism. The Republican has called activists and scientists “prophets of doom” and even briefly withdrew the U.S. from the Paris climate agreement (President Biden had the country reenter the day after he was inaugurated in 2021). Milei has launched similar criticisms against climate science and actions, most notably during his speech at the UN, when he called the organizations’s 2030 Agenda for Sustainable Development “a socialist supranational government program.”
Milei should not overestimate the magnitude of his relationship with Trump, as well as tech multi-billionaire and Trump cheerleader Elon Musk. These men are more important to Milei than Milei is to them. He should not assume that he will automatically inherit the relationship that former President Mauricio Macri had: theirs was a connection born of a family history of doing business with Trump, that encompassed both father and son.
Nonetheless, the victory of the most extreme and retrograde elements of the Republican party over Kamala Harris, who would have been the first woman president of the United States, should ring alarm bells for all those who care about a safer, peaceful, and more just world for all. In the face of a far-right emboldened by the reach of U.S. power, it is highly likely that a redoubled series of attacks on fundamental rights and demands for equality is on its way.
The United States faces the same challenges as Argentina: to defend democratic values, peaceful and respectful coexistence, as well as individual and collective freedom. Winning an election does not mean that the president is free to impose his way of life on society. Milei and Trump should understand that, because the resistance will not disappear.
La victoria de Trump en EE.UU. significa que debemos defender nuestros derechos en Argentina
El avance de la extrema derecha antidemocrática va a envalentonar a los gobiernos regresivos de todo el mundo. Le corresponde a la sociedad civil luchar por los derechos que tanto costó ganar
Donald Trump sorprendió al mundo en las elecciones del martes al arrasar en lo que todo el mundo proyectaba como una carrera muy reñida. Por primera vez en la historia de Estados Unidos, un criminal convicto ha sido elegido para la Casa Blanca, y está camino a adquirir un importante control sobre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Si bien los argentinos no votaron en estas elecciones, la cuestión de quién se convierte en el presidente más poderoso del mundo nos afecta a todos.
La elección de Trump marca la victoria de una nueva y particular forma de hacer política que en gran medida se sostiene en el uso de las redes sociales, noticias falsas o distorsionadas y algoritmos para canalizar la ira popular. Se trata de una forma viral de hacer política, contra la cual el establishment aún no ha desarrollado anticuerpos.
El presidente Javier Milei tomará la victoria de Trump como un importante respaldo a su visión del mundo, y una invitación a proceder con una iteración más agresiva de su agenda actual, que implica revertir protecciones y atacar los derechos de las mujeres, las personas de color, las personas LGBTQIA+ y otras minorías.
Ambos hombres son negacionistas del cambio climático, y tienen un historial de desafío beligerante a las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales que buscan construir un consenso intergubernamental en pos de un futuro mejor.
Ambos hombres también han usado su poder para promover inquietantes posiciones anticientíficas. Milei ha atacado sistemáticamente a las universidades públicas argentinas de renombre mundial con el pretexto de recortar la financiación estatal, mientras que Trump ha sido ambiguo en su postura sobre las vacunas y cortejado a peligrosos ideólogos de la conspiración antivacunas como Robert F. Kennedy Jr.
Las conexiones entre la extrema derecha en Estados Unidos y América Latina han sido claras desde hace mucho tiempo, especialmente cuando se trata de derechos básicos duramente conquistados, que esos grupos asocian con la izquierda progresista. Hemos visto cómo los grupos antiderechos en Estados Unidos se han coordinado con sus homólogos latinoamericanos para obstaculizar el acceso al aborto e inculcar la idea de que la educación sexual integral constituye una peligrosa “ideología de género” y “grooming”, incluso cuando el lugar más común donde los niños sufren abusos es el hogar.
De la misma manera, la lucha de las personas de color en ambos países ha sido atacada cada vez que la extrema derecha contemporánea ha estado en el poder: Milei cerró el organismo de control antidiscriminación INADI y sus altos funcionarios han atacado los derechos de los pueblos indígenas en Argentina, acciones que tienen sorprendentes paralelismos con la respuesta de la administración Trump al movimiento de justicia racial Black Lives Matter que estalló después del asesinato de George Floyd en 2020.
El presidente argentino también ha seguido el ejemplo de Trump con respecto al escepticismo sobre el cambio climático. El republicano ha llamado a activistas y científicos “profetas de la fatalidad” e incluso retiró brevemente a Estados Unidos del acuerdo climático de París (el presidente Biden hizo que el país volviera a ingresar al día siguiente de su investidura en 2021). Milei ha lanzado críticas similares contra la ciencia y las acciones climáticas, sobre todo durante su discurso en la ONU, cuando calificó la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la organización como “un programa de gobierno supranacional socialista”.
Milei no debería sobrestimar la magnitud de su relación con Trump o con el multimillonario tecnológico y fan de Trump Elon Musk. Estos hombres son más importantes para Milei que Milei lo es para ellos. No debería asumir que heredará automáticamente la relación que tenía el expresidente Mauricio Macri: la de ellos era una conexión nacida de una historia familiar de negocios con Trump, que abarcaba tanto al padre como al hijo.
Sin embargo, la victoria de las facciones más extremas y retrógradas del partido republicano sobre Kamala Harris, quien hubiera sido la primera mujer presidente de los Estados Unidos, debería hacer sonar las alarmas para todos aquellos que desean un mundo más seguro, pacífico y justo. Frente a una extrema derecha envalentonada por el alcance del poder estadounidense, es muy probable que se avecine una serie redoblada de ataques a los derechos fundamentales y las demandas de igualdad.
Estados Unidos enfrenta los mismos desafíos que Argentina: defender los valores democráticos, la convivencia pacífica y respetuosa, así como la libertad individual y colectiva. Ganar una elección no significa que el presidente tenga la libertad de imponer su modo de vida al resto de la sociedad. Milei y Trump deberían entenderlo, porque la resistencia no desaparecerá.