The government is cosplaying nationalism 

Javier Milei and Victoria Villarruel were snapped riding a tank on July 9 — but the optics belie policies that are anything but patriotic

Buenos Aires Herald editorial (versión en español a continuación)

Argentina made international headlines on Tuesday, courtesy of a picture of President Milei and Vice President Victoria Villarruel aboard a tank, wielding a huge machine gun. The picture was taken during the military parade to celebrate Argentine Independence Day. Like many far-right governments, they were attempting a show of patriotism — but when it comes to La Libertad Avanza’s policies, “show” is the operative word.

Military aggrandizement, as displayed on the front page of The Wall Street Journal, is key to the “law and order” and “no-nonsense” patriotism narrative. But despite attempts to strengthen ties with the Armed Forces, the administration is undermining Argentina’s political and economic sovereignty, meaning these displays are more cosplay than commando.

Measures like the RIGI, a large investment regime that offers sumptuous tax breaks and other benefits, offer up Argentina’s natural resources to foreign capital, but it’s not clear how much the country gets in return. Security Minister Patricia Bullrich has said drug traffickers are her public enemy number one, but analysts have questioned how measures such as tax and asset amnesties could be implemented without being abused to launder money from organized crime. 

While Malvinas veterans paraded through the streets on July 9, Milei neglected to attend the MERCOSUR summit, which ended without a declaration of support for Argentina’s sovereignty claim. It’s the first time since 1996 that the islands have been omitted from the joint statement — an absence emblematic of show over diplomatic substance.

The relationship between Argentine society and the Armed Forces has been fraught for decades following the crimes perpetrated by the military dictatorship. Barring some exceptions, the military leadership’s resistance to condemn these actions has only added to the distrust. But during the years of terror, many of today’s military were either children or not yet born. It’s understandable why a government would seek to reconcile with the Armed Forces. 

But whatever the need for reconciliation, Milei and Villarruel’s position regarding dictatorship crimes is a red flag. The VP has made a career of defending the “National Reorganization Process” (the junta’s name for the military dictatorship) while the president has made statements that echo military commanders’ justifications for their actions.

Defense Minister Petri has disguised himself as a modern GI Joe on an American battleship and spent millions on fighter jets with no weapons system while dismantling the military archives team that provided information for the trials against dictatorship-era repressors. Government representatives played soldiers to bring home the “law and order” narrative — posting humiliating pictures of prisoners in Rosario despite making no concrete progress on the violence besetting the city. The government of security policy darling, President Nayib Bukele of El Salvador, subsequently phoned Argentina to warn of the dangers of posting such material before gangs were under control. 

Meanwhile, 33 protesters and innocent bystanders were arrested for protests against Milei’s Ley Bases. All but two have now been released, after spending weeks in prison in some cases. It’s clear many played no role in the violence: three detainees were a family selling sausages.

The government’s support of the military is not part of a plan to develop a modern, well-funded, and democratic Armed Forces. Instead, it attempts to draw a line under the past and move on. But Argentina’s world-renowned and years-long fight to try the dictatorship’s abusers is not in the past. It’s still happening in the present, and the nation’s human rights movement is desperately fighting to see justice done before the rug is pulled out from under them. 

To pretend this will disappear by covering it up is a performance of cheap nationalism that doesn’t represent Argentina.

Editorial disclaimer

Although the UK refers to the Malvinas territory as the “Falklands Islands,” Argentina strongly contests this name. The Buenos Aires Herald refers to the islands as the Malvinas Islands.

El gobierno hace cosplay de nacionalismo

Javier Milei y Victoria Villarruel fueron fotografiados arriba de un tanque el 9 de julio, pero la imagen disimula políticas que son cualquier cosa menos patrióticas 

Argentina fue noticia internacional el martes gracias a una foto del presidente Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel a bordo de un tanque, empuñando una enorme ametralladora. La fotografía fue tomada durante el desfile militar para celebrar el Día de la Independencia de Argentina. Al igual que muchos gobiernos de extrema derecha, fue un intento de dar una muestra de patriotismo, pero cuando se trata de las políticas de La Libertad Avanza, la palabra clave es “show”.

El engrandecimiento militar, tal como se muestra en la portada de The Wall Street Journal, es clave para la narrativa patriótica de “ley y orden” y “nada de cosas raras”. Pero a pesar de sus intentos de fortalecer los vínculos con las Fuerzas Armadas, el gobierno está socavando la soberanía política y económica de Argentina, lo que significa que estas exhibiciones son más de cosplay que de comando.

Medidas como el RIGI, un régimen de grandes inversiones con suntuosas exenciones fiscales y otros beneficios, ofrecen los recursos naturales de Argentina a capitales extranjeros, pero no queda del todo claro cuánto obtiene el país a cambio. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, ha dicho que los narcotraficantes son su enemigo público número uno, pero los analistas se preguntan cómo se puede implementar medidas tales como amnistías fiscales y de activos sin que el crimen organizado abuse de ellas para lavar dinero.

Mientras los veteranos de Malvinas desfilaban por las calles el 9 de julio, Milei no asistió a la cumbre del MERCOSUR, que terminó sin una declaración de apoyo al reclamo de soberanía de Argentina. Es la primera vez desde 1996 que las islas han sido omitidas en la declaración conjunta, una ausencia que es emblemática de cómo el show va por encima de la solidez diplomática.

La relación entre la sociedad argentina y las Fuerzas Armadas ha sido tensa durante décadas por los crímenes perpetrados por la dictadura militar. Salvo algunas excepciones, la resistencia del liderazgo militar a condenar estas acciones no ha hecho más que aumentar esa desconfianza. Pero durante los años del terrorismo de estado, muchos de los militares actuales eran niños o aún no habían nacido. Es comprensible por qué un gobierno buscaría reconciliarse con las Fuerzas Armadas.

Pero cualquiera que sea la necesidad de reconstituir el vínculo con los militares, la posición de Milei y Villarruel respecto de los crímenes de la dictadura es una señal de alerta. La vicepresidenta construyó su carrera defendiendo el “Proceso de Reorganización Nacional” (el nombre que la junta le dio a la dictadura militar), mientras que el presidente hizo declaraciones en la que se hacía eco de las justificaciones que los comandantes militares utilizaron para sus acciones.

El Ministro de Defensa Petri se disfrazó de un moderno GI Joe en un portaaviones estadounidense y gastó millones en aviones de combate sin sistema de armas mientras desmantelaba el equipo de archivos militares que proporcionó información para los juicios contra los represores de la época de la dictadura. Funcionarios del gobierno actuaron como soldados para transmitir la narrativa de “ley y orden”, publicando fotografías humillantes de prisioneros en Rosario a pesar de no lograr avances concretos en la violencia que azota a la ciudad. El favorito del gobierno en materia de política de seguridad, el presidente de El Salvador Nayib Bukele, advirtió a Argentina sobre los peligros de publicar ese tipo de material antes de tener a los narcos bajo control.

Mientras tanto, 33 manifestantes y transeúntes inocentes fueron arrestados por protestar contra la Ley Bases de Milei. Excepto dos, todos han sido liberados. En algunos casos, después de pasar semanas en prisión. Está claro que muchos no tuvieron ningún rol en la violencia: tres detenidos eran parte de una familia que vendía choripanes en la calle

El apoyo del gobierno a los militares no es parte de un plan para desarrollar unas Fuerzas Armadas modernas, bien financiadas y democráticas. Lo que busca, en cambio, es echar un manto de olvido sobre el pasado y seguir adelante. Pero la lucha argentina por juzgar a los genocidas de la dictadura, que lleva décadas y es reconocida mundialmente, no es cosa del pasado.Todavía está sucediendo en el presente, y el movimiento nacional de derechos humanos está peleando desesperadamente para que se haga justicia antes de que los dejen sin recursos.

Pretender que todo eso desaparezca cubriéndolo no es más que un acto de nacionalismo barato que no es representativo de Argentina.

Nota editorial

Si bien el Reino Unido se refiere al territorio de Malvinas como las “Islas Falklands”, Argentina cuestiona firmemente este nombre. El Buenos Aires Herald se refiere a las islas como las Islas Malvinas.

Newsletter

Related Posts

Popular

Recent