Buenos Aires Herald editorial (en español a continuación)
This week, we watched as 87 lawmakers were bussed off to the Quinta de Olivos for a sumptuous asado. The occasion? Milei wanted to thank them for voting to uphold a presidential veto on a bill that would have increased retirees’ meager pensions.
The next day, among the photos of rows of chairs and white linens (and Damián Arabia’s potato salad) were videos of retirees, once again being repressed outside Congress as they protested for a dignified retirement.
All this came just a week after the police tear gassed a 10-year-old girl during a protest outside Congress, and the security ministry was caught lying to the press, sending them a video that they claimed showed that protesters were responsible.
In his morning press conference, presidential spokesman Manuel Adorni was adamant that he could not see how the asado might have been read as a lack of empathy. This government’s catchphrase has been “No la ven” (they don’t get it), but this time, it was Adorni himself who couldn’t see it.
Milei read Congress’s vote to uphold his veto as evidence that he can block any law he likes, because he can count on at least those 87 deputies to back him. Hence the party. In last Sunday’s budget speech, he promised to veto any law that would increase spending in one area unless it proposed to cut spending from somewhere else. But that is the narrowest of margins. In the pension debate, he needed 85. He managed to negotiate 87. That gives certain minorities kingmaker power.
The reality is that the world is watching Argentina, and Milei’s rule-by-force style is giving decidedly mixed messages. Internationally, executives, diplomats, and foreign governments know full well that Argentina’s government is up for vote every four years. If there’s no bridge-building, there’s no guarantee that the reforms Milei is putting into place will remain there.
To be clear, Argentina’s intense polarization was not born the day La Libertad Avanza came into power. Opposing factions have been in political deadlock and unable to get on the same page for years. In fact, that is one of the reasons Milei won in the first place: tired of seeing multiple administrations pass along unable to solve some of their basic demands, voters decided they would try something else. If all your traditional solutions are not fixing the problem, go with the new guy.
But despite the circumstances in which he was ushered in and his constant message that Argentina needs lasting change, the president has cultivated his own brand of polarization, dubbing politicians, academics, scientists, and artists as part of a caste that must be fought.
Although he has enjoyed public support so far, his approval ratings are starting to fall. Milei’s budget announcement got terrible ratings compared to his speech to open sessions in Congress in March and a recent poll showed that his approval fell from 47% in August to 40% this month. In a scenario in which their legislative muscle is minuscule, the government cannot afford to lose public opinion, the one thing they have constantly turned to in order to show evidence that their policies have broad support.
How long this downward tendency lasts remains to be seen. Whether it is the natural dip in image all presidents take once the honeymoon phase is over, or a more fundamental break in trust due to making examples out of pensioners who are below the poverty line.
Asado para los diputados, gas pimienta para los jubilados
Aun cuando el gobierno no sea capaz de ver lo mal que quedó esta semana, o no le importe, el costo político puede ser grande
Esta semana, vimos como 87 diputados eran llevados en combis a la Quinta de Olivos para disfrutar de un suntuoso asado. ¿La razón? Milei quiso agradecerles su voto a favor del veto presidencial a una ley que le habría aumentado los magros montos de las jubilaciones.
Al día siguiente, además de las fotos de sillas en fila y manteles blancos (y la ensalada de papa de Damián Arabia), se vieron videos de jubilados siendo otra vez reprimidos afuera del Congreso mientras reclamaban una jubilación digna.
Todo esto ocurrió apenas una semana después de que la policía le lanzó gases lacrimógenos a una niña de 10 años durante una protesta frente al Congreso, y el Ministerio de Seguridad fue descubierto mintiéndole a la prensa, enviándoles un video que, según ellos, mostraba que los responsables del hecho eran los manifestantes.
En su conferencia de prensa matutina, el vocero presidencial Manuel Adorni insistió en que no podía entender cómo el asado puede haber sido interpretado como una falta de empatía. La frase favorita de este gobierno ha sido “No la ven”, pero esta vez era Adorni mismo el que no la veía.
Milei interpretó la votación del Congreso para mantener su veto como una prueba de que puede bloquear cualquier ley que quiera, porque puede contar con que al menos esos 87 diputados lo respalden. Por eso la fiesta. En su presentación del presupuesto el domingo pasado, prometió vetar cualquier ley que aumente el gasto en un área a menos que proponga también recortar el gasto en algún otro. Pero ese es el margen más estrecho. En el debate sobre las jubilaciones, necesitaba 85. Logró negociar 87. Eso le da a ciertas minorías un poder enorme.
La realidad es que el mundo está observando a Argentina, y el estilo de Milei de gobernar por la fuerza está enviando mensajes decididamente contradictorios. A nivel internacional, los ejecutivos, los diplomáticos y los gobiernos extranjeros saben perfectamente que el gobierno de Argentina se somete a votación cada cuatro años. Si no se construyen puentes, no hay garantía de que las reformas que está poniendo en marcha Milei se mantengan.
Para ser claros: la intensa polarización de Argentina no nació el día que La Libertad Avanza llegó al poder. Las facciones opuestas han caído en un punto muerto político, incapaces de ponerse de acuerdo durante años. De hecho, esa es una de las razones por las que Milei ganó en primer lugar: cansados de ver pasar gobiernos incapaces de resolver algunas de sus demandas básicas, el electorado decidió probar algo diferente. Si todas las soluciones tradicionales no resuelven tus problemas, andá con el más nuevo.
Pero a pesar de las circunstancias en las que llegó al poder y su mensaje constante de que Argentina necesita un cambio duradero, el presidente ha cultivado su propia marca de polarización, calificando a políticos, académicos, científicos y artistas como parte de una casta contra la que hay que luchar.
Si bien hasta ahora ha tenido el apoyo de la gente, sus índices de aprobación están empezando a caer. El anuncio del presupuesto de Milei obtuvo pésimos índices de rating en comparación con su discurso en la apertura de sesiones del Congreso en marzo y una encuesta reciente mostró que su aprobación cayó del 47% en agosto al 40% este mes. En un escenario en el que su poder legislativo es minúsculo, el gobierno no puede darse el lujo de perder la opinión pública, a la que ha recurrido constantemente para demostrar que sus políticas tienen un amplio apoyo.
Cuánto durará esta tendencia a la baja aún está por verse. Si se trata de la caída natural de imagen que sufren todos los presidentes una vez que se termina la luna de miel con el electorado, o una ruptura más fundamental de la confianza dado que han decidido convertir en ejemplo a jubilados que están por debajo de la línea de pobreza.