¿Pascuas en paz?
Si el discurso de la Presidente Cristina Fernández de Kirchner para el 30° aniversario de la guerra de Malvinas fue precedido por especulaciones, en ciertos círculos, de que un arranque de patriotismo desembocaría en un nacionalismo extremo paralelo con el anuncio de la nacionalización de YPF, ¿se demostraría lo contrario luego de que su mensaje emanase un pacifismo incontaminado por la apropiación petrolera? ¿Es posible que su abordaje esencialmente (cuando no enteramente) pacífico de las Malvinas se haga extensivo al conflicto por YPF? Resulta irónico que éste haya sido prácticamente el primer discurso de este año aniversario referido a Malvinas en donde la Presidente no citó a John Lennon con “démosle una oportunidad a la paz”, pero fue quizás el que más reflejó ese sentimiento. Similarmente a su discurso del 7 de febrero (también precedido por pronósticos amenazantes de un bloqueo total a las islas), CFK gana autoridad moral, cuyas ventajas no son únicamente morales. Más allá de la falta de otras alternativas. Las bravuconadas suelen necesitar una base concreta, y ni siquiera un ministerio de Defensa británico apenas paranoico ve a la amenaza militar argentina como seria. Y si la diplomacia es la continuación de la guerra por otros medios (parafraseando a Clausewitz), la Cancillería de CFK no le ofrece una estrategia demasiado coherente para trabajar.
En cuanto a YPF, la pregunta de los millones es si el paréntesis actual es táctico o estratégico. ¿Es el avance hacia la nacionalización irreversible, luego de ser reafirmado por los informes del fin de semana pasado en los medios oficialistas y el retiro por parte de Chubut de la concesión de un importante yacimiento petrolífero (a diferencia de las áreas en gran parte agotadas que fueron recuperadas por las provincias hasta ese momento)? ¿Se trata simplemente de precisar los detalles del esperado proyecto de ley, y quizás de esperar que pasen unos días más de caídas de más del 15% en las acciones de YPF (como en el día de ayer) para reducir aún más el precio? ¿O será que el precio de adquirir esta posible carga fiscal es aún demasiado alto para un gobierno corto de fondos, a pesar de la mayor fle-xibilidad brindada por las reservas del Banco Central y los precios mundiales de la soja por encima de los 500 dólares?
No obstante, mientras sigue fresco el recuerdo del Papa reuniéndose amistosamente con los hermanos Castro de Cuba, la semana de Pascuas parece ser el momento oportuno para guardar la esperanza de que la serenidad de CFK respecto a las Malvinas se contagie a otras áreas —una autoridad moral que también sea razonablemente pragmática. Si la gue-rra de 1982 es vista a menudo como un intento de la junta de Leopoldo Galtieri de generar una distracción ante problemas políticos y económicos, CFK se ha dado la oportunidad de crear una distracción muy superior ante los fracasos de la mera política y las crecientes complicaciones económicas; esto es, desplegar un liderazgo de estadista.


















