Wednesday
November 22, 2017
Friday, May 12, 2017

Separación de poderes, no exclusión

Cuando un par de meses atrás, el polémico acuerdo sobre la deuda del Correo privatizado con el Estado que favoreció al grupo empresarial de la familia del presidente Mauricio Macri hizo estallar las sospechas siempre latentes de un conflicto de intereses en su gobierno, la reacción instintiva de Macri fue la de intentar resolver el asunto por decreto, eludiendo así al Congreso que estaría en el centro de las elecciones de octubre. El Presidente no parece haber aprendido nada de su fracaso a la hora de acallar esa controversia, porque ha vuelto a la carga con la preparación de un decreto para regular la transparencia de las obras públicas. Ignora nuevamente al Congreso donde varios diputados vienen trabajando en un proyecto de ley transversal para volverlas más transparentes. Macri quiere emplear un abordaje mucho más institucional para resaltar el contraste con el capitalismo de amigos del kirchnerismo que está bajo la lupa a raíz de los juicios como el de Lázaro Báez, pero en lugar de ello, se está comportando de manera muy parecida a su predecesora, Cristina Fernández de Kirchner, cuando ésta introdujo la Asignación Universal por Hijo en el 2009; decretó así su existencia para reclamar los derechos de autor(a) antes de que se sancionara una ley que preparaba el Congreso para este mismo fin. Si Macri realmente quiere desterrar todas las sospechas e inaugurar un proceso plenamente institucional, podría probar con incluir tanto al Poder Legislativo como al Judicial en la regulación de los contratos de obras públicas (junto con el rango completo de organismos de control). El proceso parlamentario serviría mucho más para este propósito que un decreto hecho a las apuradas, ya que permitiría considerar todas las dudas y objeciones, evitándole al gobierno situaciones incómodas en el futuro.

Entonces, ¿a qué se debe la alergia de Macri a un Congreso que podría ser la clave del futuro de su gobierno? Si en el 2016 la consigna fue el consenso con un Congreso que resultó ser bastante productivo en la sanción de leyes luego de que el gobierno se demostrara abierto a la negociación parlamentaria, en este año electoral, la nota dominante ha sido más bien la confrontación. La lógica subyacente es tanto ofensiva como defensiva. Ofensiva porque obedece a una estrategia electoral de polarización con el kirchnerismo, agrandando la brecha con este rival a la vez que margina a los aliados tácticos del año pasado. Y defensiva porque la coalición que lidera Macri es minoría en ambas Cámaras (especialmente en el Senado, donde enfrenta una sólida mayoría peronista) y no parece creer que en un año electoral la oposición pueda resistirse a la tentación de infligirle derrotas humillantes si tuviera la oportunidad.

Sin embargo, si Macri quiere convencer a los ciudadanos de que vale la pena votar en estas elecciones legislativas — por ser el parlamento un organismo importante en la democracia altamente presidencialista de la Argentina — y si quiere ganarse sus propias credenciales institucionales, entonces tendrá que empezar a respetar mucho más al Congreso.

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