Tuesday
June 27, 2017
Monday, March 20, 2017

Día infame

Hace exactamente 25 años, la embajada de Israel en esta ciudad estalló en pedazos por obra de un coche-bomba terrorista. En el cuarto de siglo que le siguió, si bien el Día de San Patricio se ha destacado cada vez más en el mundo por fuera de su tierra natal irlandesa, la ocasión festiva en este país ha quedado opacada para siempre por la memoria trágica de aquella atrocidad terrorista. Y sin embargo, hay que reconocer que esta memoria ha palidecido en los últimos años; desde el invierno de 1994, la destrucción de la embajada de Israel quedó en la sombra de su terrible gemelo, el atentado terrorista contra el centro comunitario judío de la AMIA. En el plano numérico, es lógico, ya que la pérdida de vidas provocada por el atentado apenas más reciente de la AMIA fue muy superior; 85 en comparación con las 29 muertes estimadas en la embajada y sus alrededores (fue aparentemente imposible sumar los incontables restos humanos para llegar a una cifra definitiva). Cualitativamente, los dos atentados son comparables (hasta podría decirse que el atentado contra la embajada fue más grave por sus repercusiones internacionales), y sin embargo, la AMIA siempre ha recibido la mayor atención. Las investigaciones de ambos atentados cayeron víctimas de una mala praxis judicial, y sin embargo, fue mucho mayor la polémica en torno al ex juez Juan José Galeano, quien habría saboteado el caso contra la conexión local sospechada, que en torno a la eterna e inepta investigación de la Corte Suprema sobre la embajada que incluyó la absurda teoría de la implosión. Más tarde se acusó a Irán (siempre por la AMIA) ante las Naciones Unidas, para luego hacer un giro de 180 grados con el Memorándum de Entendimiento con el mismo país en el 2013; la misteriosa muerte del fiscal especial de la AMIA, Alberto Nisman, hace poco más de dos años confirmó el protagonismo del segundo atentado.
La destrucción de la embajada fue correctamente señalada como un ataque a todo el país más allá de su blanco israelí, ya que una iglesia y otras embajadas cercanas (incluyendo la irlandesa, salvada milagrosamente de tener que lamenar alguna muerte por el Día de San Patricio) junto a otros edificios sufrieron daños comparables, y sin embargo, el sentimiento extendido de que “todos somos judíos” hizo más para expresar la solidaridad que para llegar a la verdad. En ese contexto, el foco sobre Irán se ha intensificado con la obsesión con la AMIA cuando hay indicios mucho más claros de una posible conexión siria en el caso de la embajada. En aquella época, el coche-bomba de 1992 fue ampliamente atribuido a Irán como venganza contra la Argentina por su participación en la Guerra del Golfo, pero esa lógica fue primitivamente simplista (¿por qué Teherán se enojaría con Carlos Menem por unirse a la campaña internacional contra Saddam Hussein cuando la guerra librada por este último contra ellos en 1980-8 llevó a la pérdida de un millón de vidas iraníes?).
No obstante, lo que más importa en el día de hoy es recordar como corresponde la trágica pérdida de vidas que ocurrió exactamente 25 años atrás.                                                        w
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