¿Camioneros a contramano?
En una economía que circula sobre ruedas, la amenaza de paros sorpresivos de los camioneros tiene el potencial para alterar casi todos los planos de la vida cotidiana —un Día de la Bandera como hoy con las calles cubiertas de basura es sólo uno de los peligros. La esperanza de que la mediación entre camioneros y la patronal de carga logre lo que no pudo lograr el ministerio de Trabajo el lunes es prácticamente nula. No se trata sólo de la brecha entre los reclamos de aumento salarial y los incrementos ofrecidos: el jefe camionero Pablo Moyano (en representación de su padre Hugo, quien pasa la mayor parte de su tiempo al frente de la CGT) no se bajará del 30%, mientras que la oferta de las empresas de carga ha subido desde un 18 a un 21%. Pero lo que realmente hace irresoluble este conflicto es el bono de 3-4.000 pesos reclamado para compensar a los trabajadores de la quita que significa un mínimo no imponible demasiado bajo (además de la exclusión de los beneficios familiares). Si los empleadores del sector privado se ven obligados a pagar la cuenta de cada nueva carga fiscal, un Estado voraz no tendrá motivo alguno para moderarse: el reclamo del bono es, así, completamente inaceptable.
Todos tenemos, entonces, razones para ser temerosos, muy temerosos. Pero también el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Nuestro editorial ‘Volver al futuro‘ de hace cinco días señaló que a pesar de todas las complicaciones de los primeros seis meses del segundo mandato de CFK, se puede decir que transitó por peores condiciones durante el mismo período de su primer mandato, logrando sobrevivir, y más. Sin embargo, la furia de los camineros señala una diferencia crucial entre ambos períodos. En 2008, los problemas del gobierno —que terminaron llevándolo a una derrota legislativa y electoral— se originaron en su intento de imponerle al sector agrario drásticas retenciones móviles a la exportación de granos. Al gobierno de CFK le faltó el consenso necesario, pero pudo disfrutar durante todo el conflicto del apoyo absoluto de la tradicional “columna vertebral” sindical del movimiento peronista. Mientras que las retenciones a la exportación eran esencialmente una transferencia de fondos desde el sector privado al sector público, también podían verse como una forma de redistribuir los ingresos de la agricultura a la industria, desde sus fuentes rurales a la mayoría urbana, favoreciendo ampliamente a los trabajadores. El apoyo sindical (especialmente de los camioneros) fue más que pasivo, montándose contra-piquetes contra la protesta rural.
No obstante, en los últimos seis meses, las implicancias de la consigna “Vamos por todo” parece incluir el reemplazo de la tradicional alianza peronista de los sindicatos con los caudillos provinciales y ciertos intereses creados por una noción ideológica más abstracta del Estado fomentada por la agrupación juvenil de La Cámpora. El enfrentamiento con los camioneros (a sólo tres semanas de las elecciones en la CGT) tiene quizás más de política que de porcentajes salariales, y es, por lo tanto, mucho más peligroso.


















